Había subido a controlar a unos alumnos al segundo piso del edificio posterior de mi establecimiento educacional, llamado pomposamente “Edificio del Lago”, y al asomarme a la escalera de emergencia, para cerrar y asegurar su puerta de acceso, aprecié el lindo aspecto del paisaje primaveral hacia esa parte de la ciudad, normalmente oculta a la vista de los transeúntes debido a las construcciones vecinales. No dudé un instante y partí a buscar a la colega encargada de informática para que tomara fotos del lugar con la máquina digital de la escuela, logrando una serie de instantáneas, una de las cuales expongo a ustedes, para que puedan apreciar, como yo, la belleza del paraje.
Se trata de la bajada hacia el lago, de suaves colinas revestidas de diversos matices de verde. El más claro, sobre la colina del fondo, corresponde a una siembra de raps. El más obscuro, a cultivos de trigo (puede ser cebada, de lejos es difícil distinguirlo). El del primer plano, a pasto natural cortado muy al ras. La hilera de árboles, sobre la blanca cerca, a raulíes jóvenes, exceptuando el de flores rojas, el cual corresponde a la especie notro, de gran vistosidad. Mientras que la arboleda del fondo se debe a manchones subsistentes de selva nativa, de gran envergadura, huayes, pellines, coigües, laureles (menos la hilera de álamos, que la gente suele plantar a la vera de los caminos).
Más allá, se alcanzan a divisar las opalinas aguas del lago.
Las construcciones cercanas conciernen a las cabañas del centro turístico “Lafquintúe”. Recuerdo que ese nombre lo busqué yo mismo, años atrás, por especial pedido de la señora del dueño, muy amiga de mi esposa de entones. Fui a la biblioteca y combiné en un papel diversas voces mapuches, presentándole al cabo una lista de tres vocativos, de los cuales ella eligió éste que significa, más o menos, “Lugar Cerca del Lago”.
La verdad es que trabajamos todo el día cabeza agachada. Y al terminar la jornada, nos vamos a nuestros hogares muchas veces a seguir trabajando y, entremedio, ver las noticias en la televisión, para luego leer algo antes de dormir. Hasta el otro día. Y sucede que, normalmente, nos perdemos de apreciar estas maravillas de la naturaleza que nos rodea, y de la cual somos parte integrantes como seres de
Como aquel día cualquiera, en que subí al segundo piso del edificio trasero, a controlar alumnos y aprecié el verdor de la superficie acolinada de la bajada hacia el lago.
¿Dónde estaba, en qué estaba, que no la había apreciado antes?

















Hola Mario...
YA TENGO LA RESPUESTA A TU ÙLTIMA PREGUNTA. PUES ESTABAS EN EL MISMO LUGAR QUE LOS ALUMNOS QUE TE TOCÒ CONTROLAR. ESTABAS... AL IGUAL QUE ELLOS ESTABAS DE CABEZAS EN LOS PAPELES QUE NO TE DABAN TIEMPO NI ESPACIO PARA VER MAS QUE TU MATERIA A POCOS CENTÌMETOS DE TUS OJOS. POR ELLO NO PODÌAS DARTE EL TIEMPO DE ADMIRAR LA BELLEZA QUE TE RODEABA TODO ESE MISMO PERÌODO DE TIEMPO. NO TENÌAS TIEMPO PARA LA NATURALEZA, Y EN CAMBIO ELLA ESTABA SIEMPRE PRESENTE, TANTO DE DÌA COMO DE NOCHE.
DICEN QUE UNO MIRA PERO NO VE. PARA PODER VER HAY QUE DARCE Y REGALARSE ESE TIEMPO, QUE ADEMÀS ES UN REGALO PARA EL ALMA Y EL ESPÌRITO, TAL COMO LO RELATAS EN TU ARTÌCULO...CHAO...PS.