Un día de 1944, Eslainer no llegó a
-¡Qué lástima, era un muy buen niño, lo reconocería desde lejos, tengo en mente sus ojos verdes y su pelo claro caído sobre su frente. ¡Lo recuerdo con cariño,... nunca más se supo de él!.- , fue siempre el comentario que hizo
Justamente, en la mente de
- ¡Señorita!, ¡Señorita!, -gritaron unos niños cuando la “señorita” Guillermina preguntó por Eslainer.
- ¡Lo vimos pasar temprano en la mañana con el Manuel Moreno y Servando Cepeda! - estos niños eran del sexto año, mientras que Eslainer con sus nueve años, tan solo cursaba el cuarto.
Por esos días de angustia, muchos de los que vivían en el campamento creyeron sentir el llanto de espanto del niño, pidiendo socorro, ayuda que necesitó en su vana desesperación, se le vino quizás la noche y las débiles luces del campamento se consumieron entre sus lagrimosos ojos.
El silencio en la madrugada siempre permite escuchar hasta los murmullos a kilómetros de distancia, sobre todo cuando el viento sur estaba a favor de las casas.
El dolor se presintió ese día desde el sur cerca de las laderas del morro, estimando unos tres kilómetros, considerado por cierto poca distancia, ¿por qué no se pudo hallar?, ...a lo mejor fue muy obvio buscarlo tan cerca del poblado.
Finalmente terminaron todos llorando cuando la búsqueda de más de una semana se declaró suspendida, el ambiente se cubrió de impotencia de ver a sus padres heridos y desconsolados. Nunca se pudieron reponer del gran dolor de ver perder a su único hijo y a los pocos meses se fueron lejos del pueblo.
Cincuenta años después, Luis, jefe de una empresa pesquera mantenía una camioneta “4x4"; Iván Cortés, de
El encuentro de los improvisados exploradores se concertó a través de Iván, organizó para ese día sábado, una excursión en las cercanías. Cruzaron la primera quebrada, escabrosa por su pendiente, pero no siguieron por ahí, sino continuaron hacia más al sur, enfrentando la segunda quebrada que va hacia el morro de las covaderas. Iván les propuso continuar por la ladera y a unos quinientos metros de ahí, continuaron a pié, siguiendo unas pequeñas rocas que se encontraban en hilera.
Iván gritó hacia el resto del grupo que había encontrado un bulto pequeño que al parecer eran osamentas humanas correspondientes a un niño.
Víctor corrió y se acercó alertando al resto para que no tocaran nada ni tomaran fotografías, él sabía el efecto que este hallazgo produciría, era policía.
Luís dio instrucciones de no informar de aquello porque sería motivo de publicidad y de problemas. Iván igual enseñó unos cánticos católicos y rezaron el “Ave María” y el “Padre Nuestro”, luego cubrieron los pequeñitos huesos calcinados, hasta taparlos por completo con arena y sin tocarlos.
Enseguida se retiraron del lugar con pena, preguntándose cada uno en su interior, ¿qué habría sido de ese niño?, del dolor de sus padres, ¿porqué estaba allí?, como si lo hubiesen dejado tirado y abandonado.
Víctor conminó al grupo a guardar la más estricta puridad por lo que habían visto. Regresaron por ahí mismo en silencio cabizbajos y con la tremenda angustia de sentir el dolor de los padres de ese niño.
El secreto seguirá perdido en el desierto eternamente. No obstante, Eslainer se cubrió del más brillante y alegre “blanco” resplandor, después de 50 años pudo descansar en paz.
NOTA: Esta historia esta basada en situaciones reales y es el recuerdo de la triste desaparición de un escolar, alumno de la escuela Nº 21, que un día de 1944 salió de su casa con destino a clases y hasta hoy no se ha sabido más de él.
ESLAINER LÓPEZ, descansa en tranquilidad con este sincero homenaje y que Dios te guarde siempre en su Reino.
El desarme de la maestranza se inició en 1982 y luego el campamento en 1984, éste involucro oficinas y los bloques de viviendas de las calles “D” y “E”, con ellos se fueron el cine “Alianza”, el sindicato de obreros, el rancho “fonda” y por cierto la escuela Nº 21. No quedando ninguna edificación en pié.
Durante diez años, el mástil de la escuela fue lo único que se mantuvo en las vacías calles del campamento. Luego de la destrucción, el 26 de junio de 1994 los ex-alumnos se organizaron y procedieron a trasladar el mástil hasta la nueva escuela, denominada “Julia Herrera Varas”, en honor a la última directora de la escuela Nº21, quién se acogió a jubilación en 1982, una vez que la empresa del ferrocarril cesara sus actividades en Mejillones.
Durante las reuniones que sosteníamos varios ex alumnos, para organizar el traslado del mástil, yo le mencioné a Iván Cortés, que en diario El Mercurio de Antofagasta, venía saliendo hace varios días en la sección “Sucedió hace cincuenta años”, la noticia y luego la búsqueda de un niño de Mejillones sin resultados positivos. Por esas cosas del destino, consideré que el traslado del mástil se relacionaba muy directamente con el hallazgo de las osamentas del niño, ya que Iván durante esas jornadas, me contó la historia del hallazgo de los restos de Eslainer, creemos sin lugar a dudas que pensamos que son de él. Todo se dio tan curiosamente, que hasta hoy esa historia me hace llorar, por lo significativo que sentí en poder trasladar el mástil, que se sentía vivo y con ganas de hablar después de haber sido testigo de tanto acontecer en la entrada de la Escuela Nº21.
















es cierto que la vida es sarcastica pero a veces hay que desvelar tabues..
mi padre siempre hablo con cautela de un sobrenombre terrible "los comenignos" pido disculpas, pero no soporto las hipocrecias... y ahora comprendo que muchos mejilloninos conocian el porque pero nunca revelaron con franquesa la razon...