EL STYX O EL PASEO A PUNTA DE CUARTEL( quinta parte)
Tomamos dos chopes y dos quiñes y nos acercamos a las primeras rocas que aparecían en la playa, se veían las enormes matas de huiro que se retorcían al ritmo de la corriente , el agua estaba totalmente transparente, pero muy fría , con cierta valentía nos metimos hasta la cintura palpando las rocas y evitando los “potos de mar” sobre todo los blancos que producen hinchazón en las partes sensible del cuerpo, la verdad era que los locos abundaban por doquier y las lapas habían proliferado entre los huiros y bajo las piedras y rocas, nuestros quiñes comenzaron pesar demasiado , tuvimos que vaciarlos dentro de uno de los tarros del chanchito volador que llenamos con agua fresca del mar.
¡Cuida el marisco chancho cul…! Le dije yo al tarro…
Ahora a los erizos…
Corríamos con alegría para tirarnos de nuevo al agua con los chopes asegurados en las muñecas con un trozo de caucho de neumático. Miraba con la soltura y rapidez con la que mi hermano se desenvolvía en el agua, parecía un verdadero chungungo, las paredes de las rocas enrojecidas, por las colonias de erizos, la raspábamos con los chopes abriendo la boca de los quiñes para llenarlos de los gordos erizos, sacamos seis quiñes que llevamos a la carpa en dos sacos paperos.
Nos conseguimos un gancho largo para ir a buscar unos pulpitos, pero mi madre nos paro en seco.
Ya niños, es la hora de almorzar…
Con dos toneles de aceituna cortados en la mitad y unas tablas mi madre improviso una mesa, había hasta un mantel hecho de sacos harineros, la comida estaba servida, ensalada de papas cocidas cebolla macerada y tomates, y muchas prezas de pescado frito. Nos instalamos en cuclillas a comer.
Esta noche llega tu papa, dijo mi madre…
¿Lo traen en bote?
No, se viene caminando…
Estábamos todos muy contentos…
Después de almorzar, otros niños vinieron a buscarnos, tenían que hacer una peguita y querían que le diéramos una mano, los miramos asombrados, cargaban los seis famosos galones de plásticos vacíos y había que lavarlos ,el mayor de ellos nos guiñó el ojo, salimos disparados para ayudarles.
Había todavía en el fondo de los galones, una buena cantidad de duraznos de conservas impregnados del alcohol del vino blanco, tentadora tarea para unos muchachos serios como nosotros.
Nos alejamos bastante de las carpas y en el sector donde la playa son solo bolacos o óvalos de piedras blancas, allí nos sentamos, éramos ocho muchachos, dispuestos ha una limpieza exhaustiva de los bidones, los pusimos boca abajo y le dábamos golpecitos en la parte de arriba, poníamos las dos manos en forma de posillo y dale que suene, nos comíamos los trozos de duraznos paulatinamente, en la mitad de la difícil labor una risa desenfrenada se apodero de nosotros, en la playa unos “flacos” o perdicillas de mar nos observaban , sus largas patas, su cuerpo ovoidal y su pico torcido ,verlos nos causaba euforia…
Viste el pajarito, ¿Cómo lo hará pa tomarse una papaya?
Se endereza el pico de un martillazo, jajajajajajajajajajajajajaaja
¿Y como lo hace pa rascarse la oreja?
¡Se tiene que sacar los lentes!
Ja jajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja
Para mi el mundo se comenzó a balancear de izquierda a derecha y de derecha a izquierda,
Era como si alguien me mostraba el paisaje de mi alrededor sobre una bandeja , veía el conglomerado de piedras alejarse de mi y bruscamente acercarse. Los cerros eran como blandos , y sus contornos ondulaban hasta confundirse con el azul del mar, no sentía mis extremidades y no podía ni hablar ni cerrar la boca, y así me quede dormido.
Desperté en la carpa, nos fueron a buscar, y estábamos a las dos de la tarde en pleno sol y sin polera, mi madre nos estaba mojando con un algodón empapado en coca cola, mi hermano estaba todavía curaito y entonaba “La cucaracha”, yo tenía “un dolor de cabeza por todo el cuerpo”.
Las moscas no nos dejaban tranquilos, estábamos “azucaraditos”.
Nuestra madre, y las otras señoras comenzaron a fabricar “bombas de erizo” y a cocer locos, lapas, pulpitos y algunas jaibitas pa “la choca”, siempre había algunos fuegos prendidos, ya tres cabros chicos se habían quemado las patas, no era nada grave, pero lloraron arto rato (ni que se hubieran puesto de acuerdo) , el olor a comida era constante y siempre había gente comiendo o tomando alguna cosita.
Estuvimos consignados en la carpa toda la tarde hasta que el sol se escondió,
Nos enjuágalos con agua dulce (miren los perlas) porque estábamos quemaditos y nos dieron un tacho de nescafe con azúcar para la caña, nos pusimos ropa limpia y la vecina nos regalo un canastito de roscas para acompañar el café.
Pobrecito los niños ellos no sabían, que la fruta les iba a hacer mal…
Nos miramos con mi hermano, pero no dijimos nada…
Algunas personas consagraron el día a recoger madera seca arrojada por el mar, y la pusieron en un lugar especifico donde nos podíamos abastecer para las fogatas, así alternábamos el huiro seco y la madera, Esta vez se hizo una mas grande porque apareció una guitarra y un acordeón y esa tarde se hacia una pequeña improvisación de canto y baile.
Nuestra madre, cantaba muy bien y tocaba el acordeón piano, había otra señora que tocaba la guitarra, comenzaron a ponerse de acuerdo, afinaron la guitarra y la pusieron a tono con el acordeón.
Las niñas se habían puesto “mas bonitas” estaban peinadas y no mas a pata pela, tenían zapatos calcetines y todo...
La gente se sentó alrededor del fuego, formaron un gran círculo, se acomodaron con sus bebidas y sanguchitos, pidieron a voces a mi madre que cantara…
Siempre que te pregunto que cuando como y donde…. Tú siempre me responde…
Quizás, quizás quizás…
Mi madre cantaba, el acordeón ronroneaba entre sus manos, la guitarra vibraba con sus acordes y la voz de mi madre, se paseaba entre nuestras orejas como una canción de cuna.
Ella estaba transformada, era como una “Diva” toda la juventud le había vuelto al cuerpo.
La luz del fuego relampagueaba en sus ojos románticos e ilusionados.
Canto dos tres boleros mas y una tonada chilena…y paro en seco el canto.
¡Ya! Dijo, ¡esta no es fiesta, sin una cueca chilena mi alma!
Y aparecieron de nuevo los famosos bidones de plástico, que fueron usados como tambor,
Ya hagan cancha que vamos a tirar unos pasitos de cueca…decían.
En las fiestas del campo chileno el rodeo es lo mejor….etc. etc. y tiqui tiqui ti, tiqui tiqui ta...
Que campo si en esta wuea no hay ni burros, le dije yo a mi hermano pa callao.
Las parejas de bailadores se lucian en la improvisada pista, la polvadera dejaba ver solo la mitad del cuerpo de los bailarines, por eso, nos estábamos perdiendo todo el zapateo de los curaos, totalmente fuera de ritmo y saltaban cuando no correspondía, alguno borrachitos se caían y volvían a pararse para seguir zapateando…
Ya po si y se acabo la canción, ¿pa que siguen zapateando? Vayan acostarse será mejor.
Mis amigos mi hermano y yo nos revolcábamos en el suelo de tanto reírnos.
Nosotros, que fuimos tan sinceros, que desde que nos vimos amándonos estamos, nosotros que del amor hicimos un sol…
La voz de la otra señora que cantaba ahora era mas “lírica”, un dejo de tristeza apareció en el rostro de todos los adultos, incluso dos de los "curaitos cuequeros" se pusieron a llorar “a moco suelto» abrazados.
¡Miren miren, hay una lucecita en el cerro, que se mueve! Grito una niña…
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Juan, amigo. lo que yo cuento es solo lo que salia cerquita....
en esos tiempos no habian hombres rana...
SI ISAIAS, como ...
como yo y tu jajajajajajajajajajajajaja















Que buenos deben haber sido esos paseos, con todo ese pescadito, y tantos ricos mariscos, obviamente eran otros tiempos, hoy es bastante más díficil encontrar los erizos en esa cantidad o que decir de esas patas de burro, como le llamaban los viejos a esos grandes locos que sacaban en aquellos años.
la fiesta en la playa con los cubitos de durazno... de culto!!!
Por qué nos dan tantas ganas de comer cuando estamos en la playa?