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El Mundo no es tan Ancho ni tan Ajeno

Enviado por Mario Pérez Salinas el 12/11/2011 a las 22:17
Mario Pérez Salinas

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            Sebastián Edwards Figueroa es un economista (ingeniero comercial) titulado en la Universidad Católica de Chile y doctorado en la Universidad de Chicago en la cual llegó a ejercer como profesor titular de la escuela de negocios (management), siendo su ocupación actual la de economista de la UCLA, Universidad Californiana de Los Ángeles. Entre los muchos cargos que ha desempeñado a lo largo de su exitosa carrera internacional destaca el de economista jefe para Latinoamérica y el Caribe del Banco Mundial y consultor económico para empresas y países de América, Oceanía y ahora África, y de instituciones multilaterales como el BID, el FMI y la OECD. Además ha escrito cerca de 20 libros de economía y publicado más de 200 artículos sobre esa temática los cuales han aparecido en influyentes diarios y revistas como Newsweek,  The Miami Herald, Time, The New York Time, The American Economics Review, El País y La Vanguardia de España, Clarín y La Nación de Argentina, por nombrar sólo algunos de estos medios de comunicación masiva.  Y aún así se ha dado el tiempo para publicar dos novelas, escritas en la onda del espionaje y el amor, con bastante éxito de librería: “El Misterio de las Tres Tanias” y “Un Día Perfecto”, esta última la terminé de leer hace poco y constituye una entretenida ficción ambientada en el día en que la selección chilena de fútbol le ganó 2 a 1 a su similar de Unión Soviética, en Arica, en el mundial de 1962.

            En columna reciente de un periódico nacional, este prestigioso economista chileno se ha referido a la actual crisis financiera de Estados Unidos, al borde de una segunda recesión, de la cual ha derivado un enfrentamiento político entre dos bandos macro de ese país de Norteamérica. Por un lado, el llamado “Tea Party”, lo que él cataloga como el ala rabiosamente derechista del Partido Republicano; y por el otro, el “OWS”, Occupy Wall Street, que podríamos definir mejor como progresistas e indignados.

            Los del Tea Party son enemigos declarados de la intervención del Estado (para ellos, el gobierno federal), por lo tanto sus ideales calzan con la limitación de las regulaciones, la reducción de los impuestos a las personas y a las empresas, y al mismo tiempo con la contracción fuerte del gasto público como modo de mantener los equilibrios fiscales al recortar el financiamiento de muchos programas sociales. Además optan por eliminar varios ministerios del gobierno, como el de Educación y el de Medioambiente, traspasando esas competencias a las comunidades locales las cuales las administrarían en forma descentralizada y sin interferencia de papá fisco. De la misma manera, estos políticos conservadores auspician reformas típicas de los norteamericanos, que reafirman su carácter individualista y nacionalista, exigiendo el reforzamiento del derecho a portar armas, el impulso de políticas externas aislacionistas, la deportación de los inmigrantes ilegales  y el fin de los salvatajes de bancos en dificultades. Ellos son mayoritariamente de raza blanca y con mucho apego a los valores de la religión, por lo tanto se declaran contrarios al aborto y al matrimonio gay. Internamente demuestran mucha disciplina, manifestándose como un bloque opositor muy organizado en sus posturas en el Congreso, especialmente cuando el presidente Obama ha dado curso a iniciativas de ley tendientes al financiamiento de mayores programas sociales pero que endeudan al país.

            Los miembros de OWS, por el contrario, son fuertes partidarios del Estado al cual visualizan como el gran articulador del esfuerzo por mejorar la distribución del ingreso (la que ha empeorado mucho en los últimos treinta años), utilizando como instrumento el incremento de los impuestos a los altos sueldos de las personas y del tributo de las empresas, y abogando por la intensificación del marco regulatorio de las actividades de producción y de las relaciones laborales, el aumento de las transferencias a los más pobres y la inclusión de las familias de clase media en la red de protección social del Estado. No obstante, constituyen un grupo misceláneo cuyos integrantes sólo tienen como denominador común el defender una causa: desde individuos con tendencias anárquicas, hasta los que quieren salvar las ballenas, los que quieren legalizar la marihuana, los vegetarianos, los rastas, los defensores de los perseguidos del mundo, los que quieren eliminar los combustibles fósiles, etc; residiendo su articulación más sustantiva en aquello de “estar en contra de…”

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            Pero, junto con marcar las diferencias ya vistas, la posición de Sebastián Edwards estriba en verdad en descubrir que también hay coincidencias entre ambos bandos,  para lo cual recurre a la sentencia de que siempre los extremos se tocan. Y para ello parte del hecho de que por lado y lado, unos y otros, son todos descontentos del régimen actual al que consideran manejado por los intereses de los financistas de Wall Street, para ellos los verdaderos culpables de todos los males de la sociedad, incluyendo el desempleo, los bajos salarios para la clase trabajadora y la crisis inmobiliaria en la cual detonó toda la debacle, escamoteando el dinero de los contribuyentes. Y entre medio está el presidente Obama, tratando de amalgamar las políticas redistributivas, de acuerdo con las manifestaciones sociales, con las tendencias más conservadoras, de salvaguarda de los equilibrios fiscales; asumiendo como un político moderado y de centro, un genuino representante del Partido Demócrata.   

            De todas maneras, para nosotros lo importante debería ser el apreciar cómo en la caracterización de estos bandos en pugna se proyecta una imagen del cuadro político en boga no sólo en Estados Unidos sino en la mayoría de los países del hemisferio occidental, del cual no escapa el nuestro, porque es difícil no percibir que eso mismo que describe Edwards para el gran país del Norte corre también para Chile. Casi calcadito. Porque aún en eso opera la globalización y el mundo termina siendo un pañuelo, en donde los modelos y los ejemplos se replican.

            Aventura también Edwards, de acuerdo a su particular posición político económica, una salida a la situación en Estados Unidos, cerca de entrar al umbral de  nuevas  elecciones, asunto al cual no referiré, por no ser el caso. Pero es interesante pensar que en Chile también habrá elecciones, el próximo año y también en 2013, en las que, como en EE.UU., el estado de cosas actual, en que la efervescencia social se enfrenta al ideal de mantención de los equilibrios fiscales, tendrá gran, considerable y decisiva repercusión. Porque al respecto, y dado todo lo sucedido en los últimos veinticuatro meses en el país y en el mundo, más de alguna novedad habrá de acontecer. Sería la nueva era que pregonan los que hacen de pitonisa y auguran el término de todos los tiempos.

Pero primero habría que establecer de cuáles.      

 

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