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Cumplimiento de la Agenda Valórica del Gobierno de Obama

Enviado por Mario Pérez Salinas el 12/02/2009 a las 16:31
Mario Pérez Salinas

           Desde los albores de su independencia, y fieles al estilo de sus antecesores británicos, los estadounidenses han privilegiado el sistema de vida liberal, en términos de impulsar la práctica de la máxima libertad individual y económica, de confianza en el mercado y en la descentralización de la toma de decisiones, considerando al Gobierno como el garante de la sociedad civil y reduciendo ostensiblemente el tamaño y el poder del Estado en la economía, de acuerdo todo ello a las ideas de  clásicos como John Locke, John Stuart Mill y Adam Smith, entre los más conocidos.

            Sin embargo, la gran crisis de 1929 movió a un cambio en la orientación de estos principios, desde que el Presidente Franklin D. Roosevelt impulsara una política intervencionista para imprimir al Estado un papel decisorio en la economía, como forma de hacer frente al caos económico y financiero imperantes, bregando para reducir los desequilibrios sociales, lograr la mejor distribución de la renta y garantizar la igualdad de oportunidades, en lo que se ha dado en llamar “capitalismo con rostro humano”, a través de políticas centradas en el alza de los impuestos a las empresas y el mayor gasto público en obras sociales y en fuentes de trabajo para la población; es decir, lo que desde entonces se llamó Estado Bienestar y que ha constituido conocida bandera de lucha para los gobiernos ejercidos por mandatarios salidos de las filas del Partido Demócrata, como lo fue Roosevelt. Entonces, a partir de esa época, la caracterización de liberal pasa a tener  en Estados Unidos una acepción distinta de la originaria, queriéndose designar con ella a un gobierno activista y con responsabilidad en la economía, e impulsor de todo tipo de libertad y derechos: de prensa, de religión, de asistencia médica, de seguridad social, de salario justo; y también libertad en temas civiles, como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

            Es en este tenor que se asienta el discurso del Cambio del actual Presidente, Barack Obama, con respecto al estado de cosas imperante durante la era del republicano George W. Busch, y anteriormente de Reagan, caracterizados ambos por su conservadurismo o liberalismo tradicional que, para distinción, ha venido a ser bautizado con la denominación de “neo liberalismo”. Y los primeros cien días del nuevo gobierno norteamericano están dando muestras evidentes del cumplimiento de lo propugnado, puesto que al paquete de medidas de rescate financiero anunciado con rimbombo –y que constituye una continuación de la política económica de los últimos meses del desesperado Busch, ante la gran crisis financiera-, considera no sólo ayudas a la banca y a las empresas y grandes inversiones en obras públicas, sino que también el gasto en salud, educación y en implementación de planes de protección del medio ambiente (dentro de las medidas de incentivo del mayor empleo), lo cual hasta cierto punto es resistido por los republicanos quienes –y con bastantes argumentos- se declaran firmes partidarios de que todos los recursos y los esfuerzos se vuelquen de lleno y en lo inmediato a los aspectos que tienen que ver directamente con lo económico financiero, hasta no abatir la crisis. Lo relacionado a la política ambiental tiene que ver con el destino de una línea de recursos a la exploración y desarrollo de fuentes alternativas de energía, a fin de cumplir con el objetivo trazado en torno a la reducción de los índices de liberación de gases de efecto invernadero a la atmósfera; y sobre lo cual el Presidente debutó impartiendo instrucciones categóricas a las diversas reparticiones públicas en orden a que sus jefes y funcionarios contemplen el máximo cuidado en el manejo de edificios y vehículos, de modo de contribuir a atenuar lo más posible sus efectos contaminantes. En la misma línea de acción puede situarse la próxima propuesta sobre limitación de arsenales nucleares a Rusia, la cual está siendo afinada por la cancillería dirigida por Hillary Clinton, con la pretensión de reemplazar, o perfeccionar, los tratados START (Strategic Arms Reduct Treaty) y SORT  (Strategic Offensive Recuction Treaty), firmados por sus antecesores Busch, y Yeltsin y Putin, respectivamente por parte de Rusia, pero cuyas disposiciones -habiendo logrado la nivelación en la tenencia de ojivas nucleares por parte de ambas potencias, en el número aproximado de 2.000 por lado-, lamentablemente prescribirán para 2012, y sin llegar a acuerdo sobre el tema relacionado con los escudos antimisiles, que desata más carrera armamentista nuclear aún. De esta manera, y de acuerdo a lo programado, también Obama abre la posibilidad de entablar conversaciones con Irán, país considerado una amenaza nuclear para Occidente, por la persistencia en sus actividades de enriquecimiento de uranio.

            Pero lo más nuevo en el cumplimiento de esta agenda valórica, está constituido por el levantamiento de la prohibición del uso de recursos gubernamentales en subvención de grupos que practiquen o asesoren el aborto en el extranjero, política que existía desde antaño, pero que fue prohibida por los gobiernos republicanos (Reagan y Busch) y restablecida por los demócratas Clinton y ahora Obama, con lo cual el nuevo gobierno se atrae no sólo la crítica de los conservadores de su país sino que fundamentalmente el de las autoridades religiosas mundiales, como El Vaticano, que ya ha manifestado sus aprensiones al respecto. En este mismo tenor se encuentra lo relacionado a las células madres, desde que la agencia estatal FDA (Food and Drug Administration) autorizara a una empresa privada para continuar con la experimentación con embriones humanos, algo que Busch tenía muy limitado por el dilema ético que genera el tener que romperlos para obtener este material revolucionario. La nueva experimentación consiste en inyectar este tipo de células, altamente diferenciables y capaces de reconstruir tejidos dañados, a 10 pacientes con lesiones graves en su médula espinal, los cuales, si salen bien de la terapia, sanarían totalmente, imponiéndose con ello un hito en el progreso de la medicina pues el éxito abriría cauce a la curación de otros males, como el parkinson, el alzheimer, la diabetes y la cirrosis hepática… y hasta la solución de las arrugas. Pero el riesgo está en que las pruebas realizadas con ratas en laboratorio han arrojado como resultado, en algunos casos, el desarrollo de tumores, por descontrol celular, al margen de que pueda haber rechazo de parte del sistema inmune del individuo. La discusión mayor sigue residiendo en la parte valórica, puesto que, pese a utilizarse embriones desechados en las clínicas de fertilidad (cordones umbilicales, placentas) o fecundados in vitro (tienen que estar en el 14º día de gestación), la situación sigue constituyendo, para los conservadores y para muchos, técnicamente un aborto y un acercamiento a la clonación, que desvaloriza a la vida humana.

            Seguramente, el tema del matrimonio homosexual, otro punto en la agenda del nuevo presidente, podría llegar a ser tocado en un eventual segundo período, por las tremendas controversias que implícitamente suscita el mismo, aunque este tipo de unión gay se encuentre ya legalmente estatuido por lo menos en 3 estados de ese país, uno de ellos California; sin embargo no aún a nivel federal. Puede que el capital político logrado por Obama para su acceso al Poder, le permita emprender estas y otras iniciativas altamente controversiales, pero la inmediatez, a juicio de los críticos, debería estar constituida por la urgencia de actuar respecto de las medidas económicas las que, según los opositores en el Congreso, adolecen de otro gran problema, no previsto y sin solución preescrita, y que dice relación con la poca claridad en cuanto a los procedimientos a abordar en el momento de entrar a la solución del tremendo déficit fiscal que quedará cuando la crisis finalmente ceda. Esto me recuerda a alguien que por ahí decía: “Comemos, después filosofamos”, y se hace más urgente aún para el caso de un país pequeño, como el nuestro, que necesita sobremanera la  pronta salida del estado catártico de la economía del gigante productor mundial que es Estados Unidos, puesto que la reapertura de ese y otros mercados internacionales (China, Japón, Corea, Unión Europea, en fuerte desaceleración algunos y otros en decidida recesión), constituidos todos en los mayores adquirentes de nuestros commodities, es reputada como fundamental para la propia reactivación, dado el fuerte componente de especialización en exportaciones que tiene la economía nacional, en razón de los variados TLC firmados, los cuales vienen otorgando, desde hace bastante tiempo ya, un sello distintivo a su producción, y el que sólo en parte puede ser sustituido por el mercado interno.                                                             

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