8. La civilización perdida
Teníamos grandes dificultades para explicar nuestra cara de asombro y una risa como de locos ante cada cosa que veíamos.
Corderos y cabras que no eran cabras ni corderos, pero se parecían. perros más grandes de lo que quisiéramos tener cerca y lo que parecía ser caballos, que apenas nos llegaban al hombro.
Las casas me recuerdan las casas de la aldea redonda de Tulor arriba en San Pedro de Atacama.
En la medida que mirábamos, desde cada dirección aparecía gente sonriendo; mujeres, niños ancianos y hombres de todas las edades.
Nuestro guía nos presenta a los miembros de la familia del Señor del Valle, que a un costado de la casa mayor, se cobijaban del sol inclemente debajo de algo que les daba mucha sombra sostenido sobre cuatro enormes troncos de color verde.
Mientras los saludábamos, Pimpollo intentó posar su mano sobre uno de los troncos, pero fue detenido rápidamente.
Nos llevaron casi a la carrera unos cuantos metros más atrás de donde estábamos y casi se nos caen hasta los dientes cuando vimos de qué se trataba.
Un enorme dinosaurio que comía pacientemente sin agitarse, vegetales desde la copa de los árboles.
Aterrados, recibimos la explicación que estaba domesticado y que permanecía con ellos desde hace tres generaciones, cuando el abuelo del Señor del Valle regresó de una cacería en las cercanías de Ckanckapucaúr ( Cerro Gordo en Kunza), donde lo encontraron recién nacido y hambriento pues su madre había muerto al ser atacada por una manada de velociraptors, un abundante reptil carnívoro de las tierras altas del valle.
Es muy manso, pero muy sensible al tacto y cuando es tocado, tiende a girar para ver de qué se trata; lo malo, es que su enorme y larga cola, se transforma en un verdadero látigo, capaz de arrasar con una buena parte de las casas y mataría a quien estuviera en su camino.
Todo es casi como uno se imagina el Paraíso, salvo por los continuos temblores que ya nos están poniendo nerviosos. Como dice el Likan Tatay,
Justo ahora que Typali, pahní del Tatay prepara su boda con el apuesto Tchalau, joven encargado del orden y la defensa de la gente del valle.
No hay chiquilla más hermosa que Typali; adorada por su Padre, pasa los días organizando el gran día y aprendiendo de las mujeres mayores de su clan, como comportarse con su hombre. Aunque a decir verdad, hacía rato que los dos estaban aprendiendo juntos, los secretos del cariño profundo.
Los hombres por su parte, reunidos en un lagar alejado de la casa del Jefe, preparan mucho pilk, para entonar la fiesta que durará tres días. Mientras tanto, había que probarlo para dar con el punto justo.
Claro que eso ya estaba cobrando las primeras víctimas. Muchos ya estaban Pilk’shta (borrachos) una semana antes del gran acontecimiento.Aún no podemos descubrir de qué está hecho el pilk, pero es muy rico y parecido a la sidra de manzana, aunque aquí no vemos manzanas aún.
Igual que la comida, que nos parece muy simple y deliciosa. Mucha fruta y verduras, pero también carne y pescados. Teniendo volcanes cerca, ya dominaban el fuego, por lo que las carnes eran cocinadas.
Tal como lo dije, parecía el paraíso en la tierra, a no ser por los temblores que se sucedían varias veces durante el día y la noche.
Un lugar en medio de la extensa playa hacia el lado donde se pone el sol, les servía a Tchalau y Typali de refugio donde podían reír, cantar y dar rienda suelta a sus pasiones en una entrega total en la que, una y otra vez se reconocían palmo a palmo hasta que el cansancio terminaba por rendirlos.
Esa zona era el lugar preferido de Tchalau para sus excursiones de pesca, en que junto a otros muchachotes, cazaban tckatchi ckanckapur ( una especie de tomoyo pero, gigante; tan grande, que fácil se tragaría un bote como el Liguria) con uno solo de estos, comía la mitad de la gente de la aldea.
Nos invitó a pescar un día; preparamos los aperos que eran básicamente, unas lanzas con la punta bien afilada y pesada. Esta punta tenía un largo de unos
En el borde costero del lugar escogido, había unas argollas empotradas al suelo, donde el mejor de los cazadores, amigo de la infancia de Tchalau, de nombre Ke’ Ni’ckor, amarraba el extremo de la cuerdas de las lanzas. Era comprensible dado el tamaño de los tckatchi ckanckapur.
Después de este día de pesca, Ke’Ni’ckor se convertiría en leyenda…
Lee los N° 1 ( 19.02.09) , 2 y 3 ( 21.02.09) y 4 ( 24.02.09),fotos y plano 25 Feb 09, Nº 5 el 26 Feb 09, Nº 6 el 27 de Feb 09 y Nº 7 el 01 Mar 09.















ALVARO ....UNA CONSULTA ,,,,,,
DENTRO DE TU HISTORIA LA CUAL HE SEGUIDO .CON DETENIMIENTO .PARTE REALIDAD Y PARTE FICCION ,SIN EMBARGO ,MI CONSULTA ES LA SIGUIENTE ,,,,,,,,,,,,,,Después de este día de pesca, Ke’Ni’ckor se convertiría en LEYENDA. .... SERA COINCIDENCIA PERO KENI CKOR......ES MUY IGUAL A LA LEYENDA DE KENY CORTES .SERA MI ANTEPASADO .......ESPERO QUE ASI SEA .ENTRE FICCION Y REALIDAD . ALLI VIVEN NUETROS SUEÑOS ESPERANZAS .Y FUERZA INTERIOR... ATTE KENY ALBERT. cazador de tiburones .
Sagaz Keny
Razones habrá para que la layenda perdura después de millones de años. ¡ Sigan leyendo!.
Alvaro