
“Las callecitas de Mejillones tiene…ese qué se yo”, sin duda estas hubiesen sido las palabras escritas por el poeta Horacio Ferrer, de haber visitado nuestra ciudad en la actualidad. Y es que el autor del famoso tango, musicalizado por Astor Piazzolla, se hubiese encontrado con la imagen de las veredas de colores que en la actualidad se pueden apreciar en la casi totalidad de la calle Latorre.
En el anterior articulo que publique en este espacio, hice referencia a la identidad cultural de un pueblo, que no es otra cosa que el reconocimiento de un pueblo como "si mismo"…Desde esta perspectiva, sin duda las veredas de colores se constituyen en un elemento de identidad, que hace que el ciudadano se identifique con su espacio público al ser único.He tenido la posibilidad de recorrer varias ciudades de nuestro país, desde Arica por el norte hasta Coyhaique por el sur, y la verdad es que no recuerdo otra ciudad en que las veredas sean de colores. A lo mejor en ciudades de Europa sea posible encontrar ejemplos similares, o más próximo en la ciudad de Mendoza en Argentina en que por Ordenanza se obliga a cada propietario a colocar cerámico en la vereda que da justo frente a su propiedad, sin embargo no se logra una continuidad de colores como es el caso de Mejillones.
Incluso, buscando ejemplos similares en Internet, me encontré con una publicación Argentina denominada Manifiesto de Propuestas 2004 que impulsa el Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la ciudad de Buenos Aires, está basado en el trabajo del pedagogo italiano Francesco Tonucci denominado La ciudad y los niños, que sostiene que la opinión de los chicos sobre las necesidades urbanas no sólo redunda en mayor seguridad y bienestar para los más pequeños, sino en mejor calidad de vida para todos. Esto a través de Veredas de colores, senderos seguros con mensajes de radio, calles pintadas.
Sin duda debemos sentirnos orgullosos de la transformación de la imagen de las calles de Mejillones de la que somos testigos. Transformacion que se constituye en un nuevo elemento de Identidad Cultural. Debemos pensar que son los más chicos, los que siendo mayores, podrán contarles a sus nietos que en el año 2007, la calle principal se lleno de color. O también los más viejitos, que vieron a Judy Garland en el cuento del Mago de Oz en que Dorothy junto al Hombre de Hojalata, al Espantapájaros y al León emprenden el viaje a ciudad Esmeralda, y que jamás imaginaron que la tierra de su calle Licura se transformaría en el camino de baldosas amarillas del cuento. Son ellos los que nos enseñan cada día la misma moraleja del cuento…. en casa siempre se está mejor que en cualquier otro lugar.















Hola Osvaldo