
Los niños y jóvenes de la época de los 60 y 70, en Mejillones, nos contentábamos sobremanera cuando en algunas de las noches silenciosas y cálidas y siempre estrelladas escuchábamos el fuerte batir del mar sobre la grisácea arena de la playa, en un ruido potente y de alto rimbombo que se amplificaba por toda la bahía, en series de tres o cuatro grandes y cinco o seis pequeñas, cada diez o quince minutos. ¡Eran los tumbos!, las grandes olas producto de marejadas originadas en la inmensidad del Océano Pacífico, las cuales nos auguraban días de playa muy adrenalínicos –en el decir de los jóvenes de hoy-, gestando cuadros de populosa muchachada corriendo playa adentro, entre la saca y la resaca, a capear, en atlética disposición, la cóncava y verdeante mole de agua que, saturada de espuma y recogida sobre sí misma, se precipitaba, con un sonido hueco y espeluznante, como queriendo apañar nuestros empequeñecidos cuerpos ante la ampulosidad de la naturaleza.
Emergíamos por detrás, cara a tierra, cuando, una vez superada la cresta, junto con un enérgico ademán de cabeza –cual latigazo- enjugando el agua de los ojos y el rostro, nos volteábamos en lance perfecto a observarla cómo, después de reventar, seguía inmutable su marcha recta y poderosa playa arriba, atropellando a cualquiera que pillase mal parado y llegando a mojar las carpas y las toallas de los veraneantes de la ciudad, los otros, porque nosotros éramos los del pueblo, los nativos y también los expertos. Y en seguida, a encarar nuevamente el mar y esperar la siguiente ola, y la otra y la otra, hasta que éstas decrecían en intensidad, dándonos lugar a retirarnos para pasar al abrigo en la candente arena, a la espera de una nueva serie de la colosal rompiente.
Qué rico, capear tumbos, eso era verano (supongo que ahora es igual, pero uno tiende siempre a contar lo que personalmente ha experimentado). Sin embargo, el problema venía después, a los tres o cuatro días a lo sumo, una vez calmadas las marejadas, pues entonces aparecía el huiro, soltado por la fuerza de las ondas desde el fondo acuático, aquella ominosa alga que a todos provocaba disgusto dado que su abundancia colmaba los espacios para el nado, restándole ímpetu al verano. ¡Quién querría bañarse en un mar de sargazos!, con esos ramales largos y gelatinosos y esas hojas sueltas rozándole a uno las costillas, los brazos y piernas, y con el temor omnipresente de que un animalejo marino picase por debajo, fuera del alcance de la vista, oculto en aquella fronda pelágica.

Pero no todo acababa allí, porque a la semana de la invasión de esta masa de algas, la misma, impulsada por los embates ahora suaves, más usuales, pero persistentes y regulares, de las olas, comenzaba a vararse, acumulándose en el fondo de la playa en verdaderas paredes de hasta dos metros de altura, de huiros verdes, cafés y rojos y sus típicos cilindros de gas (que le sirven a las hojas para mantenerse a flote, en el mar) y que al pudrirse, al cabo de unos días, causaba un mal olor persistente, y la afluencia de bandas de mosquitos molestosos y de bichos minúsculos.
Ese es el huiro, la planta acuática más abundante del litoral chileno, de nombre científico macrocystus pyrifera, caracterizado por su rápido crecimiento, quizás el mayor en los mares del mundo, aunque la especie es propia de la flora marina americana. Pero he aquí que esta planta, a contrapelo de su mala imagen, viene, producto de la modernidad tecnológica, a representar una apreciable ventaja económica para la humanidad y en alguna medida para la salvación del mundo.
Con la crisis del petróleo y el creciente grado de contaminación de la atmósfera, a raíz de la liberación permanente de emisiones de carburantes, gasolina, diesel, originados en elementos fósiles, saturados de C02, la ciencia se ha dado en buscar con ahínco la posibilidad de explotación de las llamadas energías alternativas, entre los cuales se encuentran los biocombustibles, como el bioetanol y el biodiesel, obtenidos a partir de especies vegetales sobre la superficie de
Empero, ante todas estas materias primas, nuestro huiro aparece como una de las alternativas más convenientes. Primero, por su rápido crecimiento (puede dar hasta dos cosechas al año), y su gran margen de rendimiento, ya que el 50% de su peso en seco corresponde a azúcares (almidones, glucosa) los cuales, en un proceso tecnológico y de fermentación, muy parecido a los utilizados en la elaboración del vino y la cerveza, pueden ser convertidos en etanol, materia que a su vez, según norma reciente del Ministerio de Energía, es susceptible de ser mezclada con gasolina para uso de vehículos en un 2 ó 3 % del volumen resultante de la combinación, gestándose así un nuevo logro en la diversificación de la matriz energética del país.
La otra ventaja radica en que el huiro no compite con zonas de cultivo terrestre ni con productos alimenticios, como el maíz, la caña o la soya. Además tiene precios mayormente competitivos frente a similares, por esa señalada característica de rendidor, pues está comprobado que, en su caso, con menos masa se obtiene más producto, en relación por ejemplo a los cereales.
Todas las plantas del mundo crecen merced a un proceso de fotosíntesis, en que la luz solar, el dióxido de carbono de la atmósfera, el agua y los nutrientes de
El Gobierno de Chile, a través de
El proceso en sí no reviste mayor agresión al medio ambiente, porque no utiliza los huiros amontonados en las playas después de las mareas dado que ello significaría romper el equilibrio que provee de energía a toda una cadena atrófica de los organismos que viven en el borde costero. Tampoco se extraerán los huiros que crecen con gran profusión a diez metros de profundidad, los cuales configuran el hábitat natural de una rica funa submarina. Por el contrario, se cultivarán brotes de la alga mediante un sistema de acuarios, para luego ser trasladados al mar, en parcelas premunidas de cuerdas colgantes hacia la profundidad, y para todo lo cual nuestro país brinda excelentes condiciones, con sus 200 millones de hectáreas de espacio oceánico, entre las cuales se considera una extensa área de aguas poco profundas, con ensenadas, radas e islas, de condiciones ideales para la acuicultura de algas.
Entonces, cuando un joven de hoy, en Mejillones, sienta el ruido de los tumbos que lo incitan a la aventura de capear las olas, pero que a la larga trae, como secuela, la varazón del incomodador huiro, podrá decir “Oh, es el majestuoso huiro, precursor de la descontaminación atmosférica”. Porque no por nada se calcula que con este puro e incipiente proyecto, 400.000 toneladas de dióxido de carbono dejarán de emitirse anualmente al exterior, en la medida de que el 5 por ciento del consumo de bencina en un año en el país sea reemplazado por esta modalidad de energía de base verde y por lo mismo más limpia. Oh, Huiro, que me hiciste mal y sin embargo te quiero.

Fuentes
Diario
Economía y Negocios, Diario
Europa Press, en http://www.chilepotencialaimentaria.cl/content/view/183728/Chile-a
Fundación Terra, http://www.terram.cl/index.php?option=com_conten&task=view&i...
Miliarum.com, en http://www.miliarum.co/Monografias/Biocombustible/Bioetanol/...
Programa Jatropha en Chile, http://www.jatropha.cl/contenido.asp?Id=3$Titulo=programa%20J...
Tribuna del Bío Bío, http://www.tribunadelbiobio.cl/portal/index.php?option=com_conte...
Observación
La primera fotografía la tomé de una publicación de Georgina Moya en este mismo Blog, la que a su vez cooresponde a una gentileza de Pedro Guerra.
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Huiro...
O COCHAYUYO. ESTOY SEGURO QUE ADEMÀS DE LO RELATADO EN TU ARTÌCULO, ESTA ALGA TE DEJÒ OTRO GRAN RECUERDO. ESTA VEZ EN EL PLATO,JA,JA,JA.
Composición nutricional
El cochayuyo destaca entre las algas por ser de las que tiene, según las necesidades diarias recomendadas (150 microgramos por 100 gramos), la cantidad de yodo mejor equilibrada. Figura entre los alimentos con mayor contenido en fibra (47,5 g por 100 g). Su fibra está formada por mucilagos y principalmente por ácido algínico, compuesto capaz de unirse a metales pesados contaminantes, a sustancias radiactivas y a diferentes tóxicos que se hallan en nuestro interior, formando alginatos y facilitando así su eliminación.
El cochayuyo figura entre los alimentos con mayor contenido en calcio (1160 miligramos por 100 g) hierro (30 miligramos por 100 g), magnesio y manganeso; por supuesto, con valores por 100 gramos muy superiores a alimentos “mitos” como la leche (125 miligramos de calcio por 100 g), las lentejas (7 miligramos de hierro por 100g) o el hígado de pollo (7,9 miligramos de hierro por 100 g).
Su aporte de proteínas también es destacable, siendo superior por 100 g a nuestros cereales tradicionales como el maíz, el trigo y el arroz integrales. Contiene todos los aminoácidos esenciales en cantidades respetables, formando estos el 47% del total de su proteína.
Otros nutrientes que merecen especial atención de su composición son el fósforo, el zinc, el sodio, el potasio, el ácido fólico y la vitamina E.
Valor medio aproximado por 100 g
Valor energético: 349Kj 82 kcal
Proteínas: 11,26 g
Hidratos de carbono: 8,67 g
Grasas: 0,27 g
Fibra: 47,5 g
Sodio: 3.460 mg
Potasio: 1.250 mg
Calcio: 1.160 mg
Magnesio: 1.010 mg
Hierro: 30,59 mg
Fósforo: 142,2 mg
Manganeso: 1.130 ug
Yodo: 490 ug
Vitamina E: 1,68 mg
SI NO TE GUSTABAN TANTO EN AQUEL ENTONCE, AQUÌ VAN OTRAS RECETAS...
He aquí algunos ejemplos de recetas para cuatro personas elaboradas con cochayuyo.
Ensalada con cochayuyo
Ingredientes: 40g de cochayuyo, 2 ó 3 zanahorias, 2 tomates, 1 cebolla.
Preparación: Hervir el cochayuyo durante 15 ó 20 minutos, o poner a remojo la noche anterior con abundante agua, luego escurrir, aliñar un poco con limón y reservar.
Trocear el tomate y la cebolla, rallar la zanahoria y mezclarlo todo añadiéndole el cochayuyo. Aderezar al gusto de cada uno (sal, aceite, ajo y perejil, o alguna salsa ligera)
Paella vegetariana a la marinera
Ingredientes: 40g de cochayuyo, 2 vasos de arroz integral, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, 1 cebolla, 2 dientes de ajo, 100 g de guisantes, un puñado de judías verdes, 5 ó 6 ramilletes de coliflor, 1/2 Kg de tomates sin piel cortados a dados, algunas zanahorias, habas, alcachofas o cualquier otra hortaliza del tiempo, sal y aceite de oliva.
Preparación: Lavar el cochayuyo y dejarlo así humedecido mientras preparamos las verduras. Rehogar en la paella la cebolla con el cochayuyo durante unos quince minutos y añadir después todas las verduras y hortalizas troceadas. Cuando empiecen a dorarse, incorporar el tomate y el arroz (cocido previamente “al dente”) con el agua o caldo que admita. Cocer a fuego lento hasta que se absorba todo el agua y el arroz esté en su punto. Si se utiliza arroz blanco añadirlo crudo.
Estofado de papas con cochayuyo
Ingredientes: 40 g de cochayuyo, 6 ó 7 papas medianas, 1/4 Kg de guisantes, 1 cebolla, 2 dientes de ajo, 1 tomate grande, caldo vegetal o agua, un puñado de almendras tostadas, 1 ramita de perejil, sal y aceite de oliva
Preparación: Lavar el cochayuyo y dejarlo humedecido mientras preparamos los demás ingredientes. A continuación dorar la cebolla junto con el alga en una cazuela de barro. Machacar en el mortero las almendras peladas, los ajos, el perejil y el tomate sin piel, y añadir a la cazuela juntamente con los guisantes. Rehogar durante 10 minutos y agregar las papas cortadas a trocitos. Sazonar al gusto y añadir un poco de agua o caldo vegetal. Cocer a fuego lento hasta que estén tiernas las patatas. Servir caliente.
Para los que prefiráis menos sofritos, también os quedara muy bueno poniendo en la cazuela de barro todos los ingredientes a la vez (menos las almendras, el perejil, el ajo, y el aceite, que reservaremos) y dejándolo cocer a fuego lento unos 20 minutos. A continuación hacer una picada con los ingredientes que hemos reservado y añadirla, dejar cocer unos 10 minutos más todo junto.
¡Sea creativo en su mesa! Enriquezca sus comidas con cochayuyo. Para ello lave el cochayuyo (con lo que perderá su dureza) o hiérvalo primero unos minutos y después añádalo junto al resto de ingredientes. La necesidad de cocción previa del cochayuyo dependerá del tiempo de cocción del resto de ingredientes y también de la “textura” que más nos guste, si más blanda o con más cuerpo. En la confección de la mayoría de platos no será necesario cocerlo previamente. Hemos de tener presente que su cocción es de unos 20 a 30 minutos.
AHORA VEREMOS CON OTRA PERSPECTIVA FUTURISTA " DE LA HUMILDAD A LA MAGNIFICENCIA " EN VUESTROS CREATIVOS PLATOS. QUE TENGAN PROVECHO...CHAO...PS.