
He
leído prácticamente todo lo que existe sobre el Combate Naval de Iquique, más o
menos desde los catorce años de edad: libros, crónicas, documentos, reportajes,
novelas, etc.; y por ello creo tener
base suficiente para intentar una
crítica a las dos realizaciones filmográficas que se han montado en el presente
acerca de ese hecho histórico; en la televisión, con el capítulo
correspondiente de la serie “Héroes”, de Canal 13, dirigida por Gustavo
Graef Marino; y en el cine, con la
película recientemente estrenada “La Esmeralda 1879”, mega obra del director cinematográfico
Elías Llanos, tataranieto de don Bernardo Llanos, el noble español habitante de
Iquique ese 21 de mayo benemérito, quien se preocupó de rescatar los restos de
Serrano y Prat después del Combate, y
darles digna sepultura.
Se
sabe que las dos obras son grandiosas, hechas con mucha rigurosidad histórica y
apego al sentimiento patriótico y casi reverencial que impera en torno a esos
sucesos y sus protagonistas; y que contaron con la inversión de ingentes
recursos. Se dice, por ejemplo, que la producción de “La Esmeralda 1879” bordeó los 12 millones de dólares; y también
ha quedado manifiesto el gran esfuerzo investigativo desplegado en torno a ambas
realizaciones, incluso con bajadas ex profeso a los restos de la nave
sumergida, en las aguas de Iquique, para apreciar in situ su real envergadura y
proceder a su reconstrucción fiel, los unos, los de la televisión, a través de
imágenes digitales; y los otros, los del cine,
con su reconstitución directa con materiales modernos.
No
obstante –y por eso durante mucho tiempo nadie se atrevió a asumir esta
temática hasta cierto punto divinizada por el sentir nacional chileno-, siempre
va a quedar gusto a poco. Y es que la única manera de recrear cien por ciento y
en forma fidelísima los hechos, es remontarse en el tiempo y revivirlos. Y eso,
demás está decirlo, es imposible.

Arturo
Prat Chacón era un adulto muy joven en el momento de su muerte, con 31 años
recién cumplidos (había estado de cumpleaños el 3 de abril próximo pasado del
Combate), por lo tanto la figura de Andrés Waas (actor valdiviano, por si acaso),
de “Héroes”, se le aproxima
considerablemente más en lo físico que la del cuarentón Jaime Omeñaca, de “La Esmeralda 1879”, pero la actuación de
este último quizás refleje mejor el carácter del Héroe, reservado, reflexivo,
meticuloso. El capitán sufría de erisipela, una enfermedad nerviosa, originada
en su caso en el doble esfuerzo que tenía que realizar en su trabajo de oficial
de la Armada y
sus estudios de abogado, la cual le produjo calvicie incipiente. En sus cartas
enviadas desde Mejillones, a bordo de la Esmeralda, que se encontraba de estación en
nuestro puerto, entonces bajo administración boliviana, le cuenta a su esposa,
Carmela, la desazón que le producía la caída de cabello. Y ella le enviaba
recetas de menjunjes al efecto. Lo que significa que la apariencia física de
Prat era muy distinta en 1876, cuando casó con Carmela, de la del momento del
Combate, en 1879. Y sin embargo el director de “Héroes”, no hace mayor distingo
al respecto, presentando la imagen del personaje en iguales condiciones en las
tomas de ambos episodios. Un error sólo distinguible por expertos. Además, esa
gorra no corresponde en ningún caso, porque constituye una pieza de uniforme
naval y militar propia del siglo XX, y originada en Europa y Estados Unidos.
¿Por qué en la serie televisiva esa gorra no es la tipo quepis que sí llevan Uribe, Serrano, Eusquiza, entre otros?
En este sentido hay que reconocer que la
película “La Esmeralda 1879”
está en lo correcto en dicho aspecto, manteniendo mayor rigurosidad en la
reconstitución de los uniformes de la época.
La
corbeta Esmeralda estaba en muy malas condiciones a inicios de la Guerra, más servible para
bloqueos de puertos que para combates en mar abierto. Pero no se encontraba inmovilizada,
pues de otro modo no habría hecho el largo viaje entre Valparaíso e Iquique.
Sus calderas, en mal estado, sufrieron fuertes averías con los bruscos
movimientos a que fue sometida en los aprestos de las acciones de aquella primera
hora de esa mañana del 21 de mayo, las que se fueron agravando con las
trepidaciones del intenso cañoneo sostenido por toda la batería a lo largo del
combate. Pero no perdió el andar total, o si no no habría podido salir del
sector El Colorado hasta dos millas al norte, a eso de las 11.00 A.M., lugar de su
ultima ubicación. Sólo quedó inmovilizada con el segundo espolonazo, porque se
inundaron sus compartimientos bajos y se apagaron sus fuegos al comenzar a
hundirse lentamente. Y aún así el Huáscar le dio un tercer y último espolonazo
que la envió a pique casi de inmediato. En este sentido, cabe destacar la
brillante reconstitución de la nave por la producción de “La Esmeralda 1879”, y especialmente su
toma aérea al comienzo del film, la cual resulta emocionante, no quedando más
que pensar que así tiene que haber sido el buque en realidad. Sin embargo, allí
nunca se le ve navegar, dando la sensación de que siempre estuvo inmovilizada.
Y pasa lo mismo con el remake del Huáscar, cuya imagen, dado su
inmovilidad, se me antojó, en un primer vistazo, –perdónenme- más el Nautilus del capitán Nemo o el cetáceo
mecanizado de Tiburón II y III. Además,
el ingeniero Hyatt no estuvo nunca en cubierta durante el combate, puesto que
su misión estaba abajo, en la máquina. Y la disciplina era tan estricta que
hasta se mantenía centinela armado de fusil y bayoneta en cada acceso al
exterior de la embarcación para que cada cual se mantuviese en su lugar. Lo
cuenta el cirujano Guzmán, quien, extrañado de que no le llegase ningún herido
en más de 1 hora de pelea, no obstante el fuerte cañoneo, quiso subir a
cubierta a inquirir lo que pasaba, y sin embargo el guardia se lo impidió. Sólo
pudo hacerlo en el momento del colapso final, cuando comprobó que el centinela
estaba muerto de un balazo de
ametralladora enemiga, y entonces alcanzó a apercibirse de la inmensa
destrucción a bordo y a ser testigo del abordaje de Serrano. En los trágicos
momentos en que la nave se hundía, dice Guzmán, nadie subió desde los
compartimentos interiores. Todos los mecánicos, ingenieros, fogoneros y demás
sirvientes de entrepuente o se ahogaron o perecieron víctimas de los últimos
cañonazos.
Arturo
Prat fue primero comandante de la
Covadonga, con la cual zarpó de Valparaíso, en convoy con la Abtao, comandada por
Condell, el 4 de mayo de 1879.
A él mismo le tocó el alistamiento del buque y la conformación
de la tripulación, para lo cual buscó a oficiales conocidos que habían quedado
en tierra cuando el grueso de la escuadra se trasladó al Norte a principios de abril. Uno de ellos
fue el guardiamarina Arturo Wilson, quien fuera su alumno en la Escuela Naval y se encontraba
retirado del servicio. Prat lo convenció para volver y lo hizo su oficial
ayudante. Igual que Ignacio Serrano, su compañero de curso en la Escuela, quien a la sazón
era gobernador marítimo de Tomé. Prat lo buscó y llevó a la Covadonga con el grado
de teniente 2°. Sin embargo, en la serie “Héroes” sólo aparece el teniente
Eusquiza. Se trata de Demetrio Eusquiza Ojeda, teniente 2° de la Covadonga en 1879, a las órdenes de Prat en primera instancia, y
después a las de Condell. Combatió en Iquique y Punta Gruesa lo que le valió su
ascenso a teniente 1°, grado con el cual participó en Angamos, ya bajo el mando
de Joaquín Orella.
Y también estaba el teniente
Estanislao Lynch, con igual performance.
El
10 de mayo llegaron la
Covadonga y la
Abtao a Iquique, a juntarse con el resto de la Escuadra.
Al día siguiente, el almirante Williams, para su planificado
ataque al Callao, dispone cambios en las jefaturas de los buques. De la Esmeralda saca al
capitán Manuel Thompson y lo lleva a la Abtao, pues tenía la idea de convertir a este
buque en brulote y llevarlo temerariamente a estallar encima de unos de los
blindados enemigos. El enroque natural era con Condell, comandante de esta corbeta,
pero como Prat era de mayor graduación le correspondió el mando de la Esmeralda y el del
bloqueo de Iquique que quedaba cubierto con sólo con sólo dos naves menores y
debilitadas. La segunda de las mismas era la Covadonga que, como
todos sabemos, al fin quedó al mando de
Condell. El comandante Prat se llevó a la Esmeralda a Wilson y Serrano, y ahí se encontró
también con su primo el teniente Luis Uribe, como segundo comandante, y con su
antiguo amigo el guardiamarina Ernesto Riquelme. Para reforzar la Covadonga, la jefatura
superior dispuso el trasbordo a ésa, como primer oficial,
desde la Esmeralda,
al teniente Manuel Joaquín Orella.
La
estrategia del combate defensivo frente al posible arribo de navíos superiores en Iquique, estaba
escrita. El bloqueo al puerto nortino duró más de 40 días, durante muchos de
los cuales los blindados chilenos salieron en busca de los adversarios
imaginariamente avistados en diferentes áreas de la extensa costa de Tarapacá y
Antofagasta. Para ello, las instrucciones del almirante Williams a los
comandantes de las naves de madera que quedaban en Iquique eran, según un
documento de don Rafael Sotomayor, ministro representante del Presidente de la República en campaña,
mantenerse en poco fondo, interponiéndose entre los fuegos del enemigo y la
población, para obligar a aquél a venirse al espolón y entonces intentar
abordarlo. Es lo que hizo Prat el 21 de mayo, dando la misma orden a Condell,
quien al final opta por salir al sur, siempre bordeando la línea costera para
atraer a uno de los blindados sobre sí, en este caso la Independencia que a
la postre varó en su persecución.
No
he visto registro alguno que indique que Prat bajó de la toldilla de la Esmeralda durante el
combate, excepto a los inicios, cuando desciende expresamente a su camarote a
vestir su traje de media parada y arreglar sus papeles. “La Esmeralda 1879” lo muestra dirigiendo
el combate a ras de cubierta, bajo el piso de la toldilla y a cubierto tras las
amuras. Puede ser. No hay documento que
afirme lo contrario. Sin embargo, una carta del capitán de altos de la Covadonga, testigo
directo de la actuación de Condell en Iquique y Punta Gruesa, deja expresamente
manifiesto que ese capitán nunca se movió de su lugar original de combate, alentando con
su ejemplo al resto de la tripulación, y dando siempre desde allí certeras
órdenes e instrucciones.
En
Valdivia vive un descendiente directo de don Wenceslao Vargas, el último
sobreviviente del combate naval de Iquique, en el cual participó como grumete
de la Esmeralda,
fallecido en Valparaíso, en 1958,
a los 93 años de edad, con el grado de vicealmirante de la Armada nacional. Él cuenta
que su tatarabuelo nunca escuchó la arenga de Prat, por encontrarse abajo pues
estaba destinado al servicio de pasaje de granadas y sirviente del cañón Nº 6.
También resulta difícil pensar que el comandante haya recurrido a un grumete
para retirar cierta documentación confidencial desde su camarote. Para eso
estaban los guardiamarinas, oficiales ayudantes. Y consta que minutos antes
del primer ataque del Huáscar, Prat le hizo ciertos encargos personales al
guardiamarina Vicente Zegers. También es difícil concebir que un corneta tenga
que ser buscado por toda una unidad, en este caso un buque de guerra, para
presentarse ante su comandante a recibir órdenes. Los cornetas están para
transmitir por medio de toques de su instrumento a cargo, corneta o tambor, las
instrucciones de su jefe, por lo cual deben mantenerse a su vista siempre.
Finalmente, el sargento Juan de Dios Aldea tenía sólo 26 años de edad al
momento del combate, y en este aspecto el actor que le encarna en “Héroes”
resulta más apropiado al papel que el de “La Esmeralda 1879”. La Artillería de Marina
era una mezcla de marinos y soldados. Tenían a su cargo la seguridad a bordo de
los buques. Custodiaban la bandera, servían de rifleros y saltaban al abordaje
(casi todos los que saltaron al abordaje con Serrano eran de este cuerpo).
También constituían un regimiento en tierra. A bordo de la Esmeralda había todo un
destacamento al mando del subteniente Hurtado, con Aldea como segundo jefe.
También había cabos 1º y 2º y soldados rasos. Lo más probable es que fueran los
cabos los encargados de la instrucción de la tropa bisoña, y no el sargento
mismo. En cuanto a los niños, en la Esmeralda se contaban no menos de 34, puesto que
Williams había dispuesto, al partir al Callao, que todos los menores de 15 años,
que eran aprendices y formaban parte de las tripulaciones de los diferentes
buques, quedaran en Iquique para mantenerlos alejados del peligro, oh ironía
del destino. Entre ellos estaban los hermanos Amigo el menor de los cuales
tenía apenas 10 ó 12 años de edad.
Y
llegamos al momento del abordaje. Al respecto, uno tiene la idea de que Prat lo acometió
en forma premeditada y decidida (consta que en su viaje de 6 días en la Covadonga entrenó a su
gente en esta forma de combate en el mar). Y esa decisión tiene que haber sido
mayor en el instante en que se da cuenta de que sólo el sargento Aldea pudo
seguirlo. Por eso, su paso sobre la cubierta enemiga tiene que haber sido
resuelto y enérgico. A la torre de los
cañones o a la torre del comandante, a intentar hacer algo, pues sólo la muerte
podía esperarlo. Así también lo pinta Somerscales en su magnífico óleo. Por eso
me chocó la imagen del actor Waas (he visto la serie las dos veces que la han
exhibido) caminado casi en puntillas sobre la cubierta del Huáscar, como con
miedo, cosa que no cuadra con el carácter de Prat, ni con su trayectoria, y quien además estaba
consciente de que toda su gente lo observaba desde la Esmeralda. Por
lo que tengo que concluir que en este sentido está mejor lograda la
correspondiente escena de “La
Esmeralda 1879”.
Prat y Aldea murieron de disparos provenientes desde la ametralladora instalada
en la cofa del Huáscar. Aldea recibió varios de ellos en todo su cuerpo,
algunos en las piernas y en los empeines de los pies (lo que demuestra que los
balazos venían de arriba a abajo); Prat, uno en la rodilla, y se dice que otro en
la espalda (seguramente cuando se volvió a mirar a su subordinado caído).
Después recibió un disparo de cerca, de fusil Comblain, en la cabeza. Su cuerpo
se agitó un poco sobre el tablamen (lo contaba don Bernardo Llanos, que después
vivió en Valparaíso) y al final quedó exánime. Posiblemente haya recibido un
culatazo de remate, eso no está claro.
La
lid prosiguió con Uribe al mando, quien se dirige desde el castillo de proa
(ese era su lugar de combate y no otro) a la toldilla y envía al guardiamarina
Fernández Vial a clavar la bandera (una vez estuve en el Museo Histórico en
Santiago, en donde está el pico de mesana de la Esmeralda, lugar de la
bandera, y traté ver los hoyos en donde habrían estado enterrados esos clavos).
La Esmeralda se hundió a
las 12.10 Hrs., al tercer golpe de espolón. La batería de tierra le había hecho
más de 70 disparos, y el Huáscar, con su artillería principal, por lo menos 15,
y quizás el doble con la artillería secundaria. Los náufragos, al ser subidos a
la cubierta del Huáscar, mojados, ateridos y semidesnudos, desfilaban ante el
cuerpo inerte de su comandante Prat, que quedó donde mismo cayó, descubierto, con sólo un
pañuelo cubriéndole la cabeza. En un descuido, el guardiamarina Zegers levantó
el pañuelo para verlo, y se pudo apreciar la ancha herida de su frente.
Los
marinos sobrevivientes sollozaron, emocionados.
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. .
Las
obras fílmicas comentadas, constituyen realizaciones grandiosas. Las primeras
en la temática y quizás las mejores que se hagan jamás, más que nada por su
rigor histórico. A través de ellas, el público tiene otra forma de admirar esos
sucesos casi legendarios, más allá de
las fuentes escritas, pudiéndose vivenciar en sus imagenes las figuras, los uniformes,
las armas, las costumbres, las embarcaciones de entonces. Notabilísima resulta la
reconstitución de la Esmeralda, su cubierta, sus camarotes y su entrepuente. Es
realmente como volver al pasado.
En casa, estaba solo viendo el programa en la tele. Pero en el cine escuché
aplausos al término del film, antes de que se prendieran las luces. Ello habla
del éxito alcanzado, no obstante mis críticas que han sido hechas con la mejor
intención.
Contra punto...
QUE BUEN ARTÌCULO MARIO. SE NOTA TU VETA DE HISTORIADOR QUE BUSCA INCANSABLEMENTE LOS DETALLES DE CADA ARISTA DE LA HISTORIA. TUS CRÌTICAS SIEMPRE SON CONSTRUCTIVAS, EN ESPECIAL EN LO QUE A LA HISTORIAS PATRIAS SE REFIEREN.
ESTOY CASI SEGURO QUE ESTOS VIDEOS YA LOS VISTE... http://www.youtube.com/watch?v=jznB2D6WRBk Y TE IMAGINO EXTACIADO EN UNA OPERACIÒN COMO ESTA...CHAO...PS.