
George Mallory, de 38 años edad, formó parte de las tres expediciones inglesas de principios del siglo XX al Everest -las primeras de la historia- y fue uno de los que estuvo más cerca de la cima en el intento de 1922. En la de 1924 le tocó ascender con un compañero desde el campamento IV, a
Los planes eran que lo intentara por última vez Mallory, acompañado por Andrew “Sandy” Irvine, un joven de apenas 22 años, estudiante de ingeniería química, especialista en oxígeno. Salieron la mañana del 7 de junio desde el campamento V y llegaron al atardecer al campamento VI, sin ayudantes sherpas, disponiéndose a pasar la noche, bajo un frío de -35°, para intentar al otro día temprano el asalto final a la cumbre.
La cresta nordeste del Everest tiene una inclinación bastante accesible, pero cuenta con tres obstáculos rocosos, llamados peldaños (step, en inglés), de los cuales el más difícil es el segundo, ubicado a 8.600

El fotógrafo oficial de la expedición que logró con su telescopio captar las figuras de Mallory e Irvine a las 12,20 Hrs. de ese domingo 8 de junio de 1924, para perderlas después tras unas nubes, aseguró haberlos ubicado coronando el segundo escalón. Pero los expertos comentan que pudo haberse equivocado y que fue sobre el primero. Otros dicen que uno solo de ellos habría llegado a la cumbre, Mallory, porque era reconocido por sus dotes de buen escalador, mas ello le habría tomado demasiado tiempo pillándolos la noche en la bajada, y de ahí el accidente. Hay un libro que se llama “Los Detectives del Everest” y en él se van atando cabos a través de las pistas recogidas a lo largo de 85 años de búsqueda: el piolet de Irvine, el campamento VI, los tubos de oxígeno cuidadosamente guardados en un recoveco rocoso, y todo indica que algo anduvo mal desde el comienzo. Además, el cuerpo de Mallory se halló con serias fracturas y la soga aún atada a su cintura, pero cortada, lo que evidencia una caída violenta. Curiosamente sus manos estaban sin los guantes puestos y los anteojos guardados en un bolsillo, lo que sólo puede ser indicio de que cayó al oscurecer y en la bajada (en el ascenso no se habría expuesto a la congelación de sus dedos). Pero, en razón del tiempo empleado ¿habría alcanzado la cumbre? Sólo se podrá saber cuando se encuentren los restos de Irvine, en uno de cuyos bolsillos debe estar la cámara Kodak que supuestamente atesora los negativos de la hazaña, o no. Lo cierto es que esa cámara no se encontró en las ropas de Mallory como tampoco se halló la foto de Ruth, su esposa, la cual el alpinista había prometido depositar en la cumbre de la montaña cuando la conquistara, siendo un dato muy decidor. Pero también es cierto que cuando Edmund Hillary coronó esa cima en 1953 buscó por toda ella, que no es mayor que la cubierta de una mesa de comedor, algún vestigio de presencia humana previa, y no encontró nada… Como una historia de nunca acabar, un misterio no del todo resuelto, un apasionante intríngulis que suma y sigue, acerca de si George Mallory logró lo que él llamaba “su sueño más salvaje”.
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Ilustraciones:
1.- Recreación del ascenso de 1924.
2.- Fotografía de Irvine y Mallory, en el campamento base
3.- La ruta norte. Señala el 1° y 2° escalón, ubicación del campamento VI y lugares donde se encontró el cuerpo de Mallory y el piolet de Irvine, y posible punto de la caída.
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