La historia de Miguel, una anécdota más que interesante

La historia de Miguel, una anécdota más que interesante

Era un día común como cualquier otro, Miguel estaba sentado en su oficina cuando decidió sorprender a Luisa, su esposa, llegando a casa temprano por primera vez en mes y medio.

Era un día común como cualquier otro, Miguel estaba sentado en su oficina cuando decidió sorprender a Luisa, su esposa, llegando a casa temprano por primera vez en mes y medio. Miguel empezó a recoger sus cosas, guardó los documentos que Marta, su secretaria le había puesto en el escritorio esa mañana para que los revisara, pero como de costumbre ni siquiera ojeó él primero, por lo general suelen quedarse en el mismo lugar al menos tres días, guardó el bolígrafo en el bolsillo interno de la chaqueta y metió los lentes en el portafolio.

Cuando bajaba en el ascensor se consiguió a un par de amigos con los que se quedó hablando como unos diez minutos hasta que se acordó del propósito de su inusual retirada. Subió a su carro y emprendió el viaje hacia su hogar, a pesar del inmenso tráfico se distrajo un poco observando a quienes le rodeaban, primero vio a una mujer, que como es muy normal en este país, cantaba y bailaba al son de la música que sonaba en la radio. Luego observó como un taxista hacia lo imposible por pasar la larga cola de carros para llegar a su destino en menor tiempo y casi llegando a casa se dio cuenta que estaban al fin reparando el tubo de agua que tenía meses dañado.

Mientras buscaba el control de la puerta del estacionamiento notó un carro que le parecía familiar, pero en el momento no se pudo acordar de quien era porque aún pensaba en lo que tenía que hacer al día siguiente en la oficina. Subió por las escaleras dado que alguien estaba metiendo un montón de bolsas de mercado en el ascensor. Cuando por fin llegó al quinto piso escuchó voces dentro del apartamento, abrió la puerta y se llegó hasta la habitación, sin gritarle a Luisa desde la puerta como solía hacer durante los diez años que llevaban casados.

Sorpresivamente Miguel ese día rompió abruptamente con la cotidianidad acostumbrada, Luisa, su esposa a quien amaba profundamente, aunque en múltiples ocasiones no se lo demostraba , estaba con uno de sus empleados besándose de una manera en la que Miguel suponía que lo hacía solo con él, y  solo de vez en cuando.

Minutos después la situación estaba aún mas complicada si alguien hubiese entrado en ese momento pensaría que aquella imagen era digna de una telenovela. Luisa lloraba pidiendo perdón, David quien trabajaba para ella en la empresa vociferaba su amor por la infiel mujer y Miguel maldecía a gritos a las familias de ambos, pero decidió que de esa manera no iba a solucionar nada y que la verdad no quería siquiera volver a ver a la pareja. Así que tomó sus cosas y las llevó hasta el carro, mientras Luisa seguía llorando, pero además ahora le decía que lo amaba y que no la dejara, que tan solo había sido una respuesta a su abandono, pero él ni siquiera se volteó a mirarla, se mantuvo en pornhub como un tonto mientras ella partía.

Mientras manejaba se dio cuenta que no tenía a donde ir, así que se dijo que por qué no gastar algo mas de dinero y pagarse una habitación en el mejor hotel de la ciudad para pasar el trago amargo que había sido aquella trágica situación. Al llegar al hotel ordenó la habitación mas grande, llamó y pidió a la habitación una botella del Whisky mas caro, bebió, bebió y bebió hasta perder el conocimiento. Cuando se levantó a la mañana siguiente eran las dos de la tarde, tenía un tremendo dolor de cabeza, así que ordenó una sopa y mientras ésta llegaba se dio cuenta que su vida debía cambiar, que en primer lugar no quería volver a casa y que solo quería saber de Luisa cuando le hubiese firmado el divorcio y solo a través de sus abogados. También notó que no quería quedarse en la ciudad porque no tenía ninguna razón  para hacerlo, tenía ahorros suficientes como para vivir cómodamente el resto de sus días, así que tomó el teléfono, marcó a su jefe y renunció sin darle razón alguna. Entonces abrió su agenda que tenía en la parte trasera un mapa de Venezuela, tal cual como en una película cerró los ojos y con el dedo índice señaló el lugar en el que iba a terminar de vivir los años que le quedaran. Cuando estaba abriendo los ojos sonaron tres golpecitos contra la puerta, miró hacia abajo y vislumbró la locación de su nuevo hogar, se levantó, abrió la puerta, agarró la bandeja con la sopa y le dio una muy buena propina al mesonero, mientras esperaba a que la sopa se enfriara un poco empezó a pensar cómo sería vivir sin ningún tipo de responsabilidad y la idea le alegró por completo el día, así que con la última cucharada de consomé que se llevó a la boca se dijo a sí mismo, “me voy lo mas pronto posible para Apure y me compro una casa como sea, no importa, con lo que me alcance” .

Al día siguiente empezó los trámites del divorcio, buscó en Internet una casita bonita en el campo en la frontera entre Apure y Amazona. A las tres semanas Miguel ya estaba instalado en su nuevo hogar cortando el pasto del patio trasero con la destreza de alguien que en su vida había visto un jardín, silbaba y cantaba todo tipo de canciones así, pasaba su día, arreglando por aquí y por allá, lo único que tenía que le recordaba su antigua vida era un pequeño televisor que solo tenía un canal y un par de fotos de su familia. Aquel día escuchó que alguien llamaba a la puerta, esto no le había pasado desde que llegó, así que corrió emocionado a ver quien lo visitaba, al abrir la puerta se encontró con el hermoso rostro de quien a simple vista se presumía que era autóctona del lugar, su nombre era Alicia, era hija de un hacendado cuya familia tenía mas de un siglo en el pueblo, Miguel se quedó prendado con los ojos mas increíbles que había visto jamás, la invitó a pasar y le ofreció una taza de café, que era lo único que sabía hacer por sí solo, ella se negó y le explicó el propósito de su visita, le contó que su padre estaba muy enfermo y que necesitaba ayuda, él por supuesto aceptó ayudarla sin recompensa alguna. Tras unos meses el padre de Alicia murió, pero a pesar del dolor tenían el consuelo de que ambos se habían encontrado y eran almas gemelas, se amaban con locura. Decidieron esperar un poco para casarse guardando el luto, pero al año celebraron la boda, modesta pero repleta de toda la gente del pueblo, a los tres meses anunciaron que Alicia estaba embarazada y al año y medio estaban esperando a su segundo hijo. Miguel, Alicia y sus dos hijos vivieron felices, en un lugar humilde, pero repleto de amor incondicional. Y de Luisa y su amante Miguel nunca supo más nada.